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Escuela infantil ‘La Monsina’ Premio Arquitectura COACV

Escuela Infantil La Monsina en Callosa del Segura (Alicante)

Esta obra fue realizada en 2012 por encargo de Constructora Callosina.

PRIMER PREMIO ARQUITECTURA COACV 2013-2014. Premio entregado en octubre 2015.

Descripción general

Érase una vez en la periferia de una pequeña población de la Vega Baja alicantina, Callosa del Segura, donde se fue a construir una escuela infantil de primer y segundo ciclo. Esta se concibió como un nexo de unión entre dos mundos muy diferentes: el mundo de los niños donde habitaba la inocencia, el juego, la sorpresa, el descubrimiento, la fascinación y los sentidos; y el mundo de los adultos donde gobernaba la responsabilidad, el trabajo, la jerarquía, la funcionalidad, la economía y lo racional.

Desde un inicio hasta la materialización se atendió a la ambigüedad y a la dualidad existente entre esos dos mundos, y a las relaciones entre ambos, por un lado se presta atención a las sensaciones, al juego de escalas y al ir descubriendo desde no más de un metro de altura los espacios que alberga, y por otro a una sectorización del espacio por medio de piezas que se suceden y ordenan para un perfecto control y funcionalidad a una cota superior al metro y medio.
Así el acceso a la escuela se produce a través de un paseo que comienza en un espacio exterior cubierto que te recoge desde la calle y te proyecta al interior como el espejo a Alicia, y a modo de un juego introduce a los niños hacia el interior del edificio, estableciendo al mismo tiempo una clara diferenciación entre espacio público y privado.
La envolvente de la escuela se transforma en un continuo pliegue que resuelve las cuestiones de orientaciones, iluminación y ventilación, a los niños hacia sus aulas, y los espacios exteriores cubiertos que se convierten en una nueva extensión de las mismas. Una gran cubierta que se despliega, acoge todas las piezas creando en su parte superior una descomposición de planos que facilita la iluminación y ventilación de los diferentes espacios  funcionales de la escuela, constituyendo el único elemento bajo el cual se cobijan las piezas de las aulas, como si de una sombra se tratase. De este modo los niños van pasando por distintos espacios interiores-exteriores con variaciones de altura, por lo que se activan las sensaciones visuales. En un mundo de sombra y transparencias, en los que las divisiones interiores se plantean como elementos funcionales de separación que juegan con las escalas de los niños y delimitan los espacios, los elementos cerámicos cobran gran importancia, puesto que se conforman con un material cerámico (de pasta roja) de color puro, blanco, esmaltados con brillo (sin bisel) que llamen la atención a los más pequeños y como la casita de chocolate los atrae al interior, con un formato de 10×20 cm colocados en vertical para absorber las continuidades y las curvas presentes, y con una gran característica, su carácter inalterable en el tiempo (y por supuesto higiénico) y su cualidad de recuperar algo cuasi artesanal, algo perteneciente a una tradición propiamente mediterránea que se va a introducir en la mente de los más pequeños desde su infancia a través de los juegos.

Este ambiente envolvente se complementa con un gran patio común a todas las aulas que funciona como una zona de juegos que dialoga con el resto del terreno de la parcela topográfica. Exteriormente las aulas aparecen asociadas al gran jardín que constituye el resto de la parcela que se muestra como una extensión de estas, protegidas del sol y la lluvia a través de porche cubierto. El edificio, por lo tanto, se percibe desde el entorno como una gran cubierta flotando bajo la que se muestra un mundo de color y texturas que invitan al niño a sumergirse y a perseguir al conejo blanco.

Se utilizaron diversos materiales entre los que destacan el hormigón visto, azulejo y vidrio.

En esta obra ha colaborado Ángel Luis Rocamora.

Fotos realizadas por David Frutos.